Sunday

What Fran Cooked: Seared shrimp with pasta


For a while I've tried to come up with new recipes that don't require much ingredients and much time. And those two requirements also meant not much money (my budget is very tight this month). The thing is, getting home late at evening, tired after a long day at work, the last thing I want is to do is spend two hours in the kitchen and create something that ends up being plain and simple. And that means something a little more elaborate than just wholewheat rice with a frozen burger.

So, long story short, while i was in London last month, I bought two packets of shrimps in the local Tesco Express that I cooked during my daily meals with my flatmate Mike (more on that on another post!).
One packet was used to make cebiche, or at least my version of cebiche (think of shrimps, avocado red onion, maize grain, and lots of lime juice and black pepper)

The other packet was used to make today's recipe. I know that probably this isn't a new or original recipe (I know I'm not inventing something) but I really liked it and I got great comments about it. And the fact that I was able to grab just a few ingredients and come up with it, really sold me on it (enough to repeat it over and over again), so I thought I'd share one of my favourites recipes this semester, in the attempt to maybe inspire you to try something new!













You will need:

  • 200 grs. cooked and peeled shrimps (or prawns)
  • Garlic cloves, chopped
  • Lime or lemon juice
  • Olive oil
  • Salt
  • Black pepper
  • Butter
  • Parmesan cheese
  • Any type of pasta you like (but *I* recommend fetuccini)


1.- Place the shrimp, already cooked in a bowl and add the garlic cloves chopped (2 cloves are enough), olive oil, lime or lemon juice, salt and pepper and set aside for a while, as long as you like.

2.- Cook the pasta and heat a pan. Add some olive oil to it. Add the shrimps, without the sauce that were being marinated, set that sauce aside. Sear the shrimps while making sure the pasta is not over cooked. Add the sauce to the pan with the shrimps and stir slightly. 

3.- By now, the pasta must be done, so strain it and put it back in the pot. Add a knob of butter and when it melts, add the contents of the pan. Serve immediatly while it's hot and add lots of parmessan cheese and some more of black pepper!



Bon Appetite!!!

Donde comer en Buenos Aires: Una guía, parte II

Continuando con la guía de los lugares en donde comí en Buenos Aires, en esta oportunidad voy a contarles sobre los otros lugares a los que fui. Este post no será temático como el anterior, en el que escribí exclusivamente de pizza, por un motivo específico: Cuando salimos por pizza, fuimos a lugares muy específicos y era todo parte de la experiencia pizzera en Capital Federal.
En esta ocasión, se trata más que nada de lugares más bien "random" a los que fuimos, o mejor dicho, a donde las circunstancias nos llevaron. 
Algunos de ellos fueron toda una sorpresa y otro* fue algo decepcionante a decir verdad. 


HAMBURGUESAS 🍔🍔🍔



El primer almuerzo oficial que comí en argentina fue una hamburguesa en El Rosedal. El Rosedal es un parque ubicado en Palermo, de una extensión de 3,4 hectáreas y sobre 18.000 rosales. En sus alrededores se encuentran unos carritos que ofrecen hamburguesas, bondiolas, churrascos, aguas, bedidas gaseosas. En uno de estos carritos compramos una hamburguesa parrillera, simple, en pan frica. El precio fue alrededor de $45 argentinos, alrededor de $1.600 chilenos, algo caro para ser solo el pan con la hamburguesa, pero era bastante sabrosa,  y te ofrecen sobres complementarios de mayonesa, ketchup y mostaza para acompañar. La hamburguesa te la cocinan al instante y el pan viene calentito y crujiente.

El Rosedal de Palermo: Avenida Infanta Isabel 900, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



"La mejor, lejos"

A Mi Barrio llegamos por casualidad. Era un viernes por la noche y con María y Sofía íbamos a salir a por comida y unas 'birras' a un lugar cercano, pero en el camino, en plena calle nos encontramos con Magui, amiga de Sofí, quien nos comentó que el lugar al cual íbamos originalmente estaba lleno y que ella venía desde 'Mi Barrio'. Ahora, honestamente cuando ella menciona que venía de 'Mi Barrio' yo literalmente pensé que venía desde su barrio, desde el sitio en donde vive. A los minutos caí en cuenta que el lugar en donde estuvo se llamaba así. Entonces fuimos para allá.  Y estaba lleno. Pero ya estábamos allí y no íbamos a salir a buscar un nuevo lugar porque, aunque estábamos muy cerca de casa, ya era tarde y estábamos cansadas y teníamos hambre. Así que buscamos lugar donde sentarnos y luego revisamos la carta para ordenar.

La carta de 'Mi Barrio' en esa época (octubre 2016) era bastante extensa. Ofrecen hamburguesas, todas nombradas por un barrio de Buenos Aires, ensaladas, papas fritas, postres, bebidas, limonadas y cervezas. Ordenamos una porción de papas fritas con cheddar derretido encima, más cerveza rubia artesanal y para comer, con Sofi nos repetimos una Recoleta: 170 gramos de carne, rúcula cebolla caramelizada y queso brie. Celestial. María ordenó una Palermo: 170 gramos de carne, queso cheddar, tocino, cebolla caramelizada y huevo frito  

La orden se demoró un poco en salir, ya que la lista de espera era bastante extensa. Pero cuando nos las entregaron, las hamburguesas venían calentitas, la carne perfectamente cocinada, las papas y el queso perfectamente derretido. Valió la pena la larga espera, aunque quizá tampoco fue tan larga, lo que pasa es que cuando tienes hambre, cualquier espera se hace eterna. De lo que me podría quejar es tal vez en la baja iluminación. Me pareció que para ser un restorán de hamburguesas, la iluminación daba más bien la atmósfera de bar. 
Un dato, cuando vayan y no tienen internet móvil, pidan la clave del Wi-Fi. Una pista, está indicada al comienzo del post.



Mi Barrio Hamburguesería, Capitán General Ramón Freire 919, Colegiales, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


MILANESAS

Este es un tema algo sensible para mí, ya que las milanesas, o escalopas como las conocemos de manera popular en estos pagos, son una de mis preparaciones favoritas de carne.
Personalmente me gustan prepararlas primero en el sartén, sellarlas, para luego terminarlas de cocer en el horno. ¡Quedan jugosas!
En Buenos Aires tuve dos oportunidades de comer milanesas.

La primera, fue mi primera cena en Buenos Aires, en casa de María y Nico. Esa noche, un martes, cenamos empanaditas de pino que Mari tenía congeladas para luego pasar al plato principal, Milanesas con puré de papas. María me había advertido que su puré de papas era uno de los mejores que probaría en la vida, y de verdad yo pensaba que estaba exagerando. Seamos honestos, a quienes nos gusta cocinar y sabemos que somos buenos en eso, siempre decimos que nuestro -lo que sea- es el mejor del mundo. Pero María hablaba en serio. Su puré de papas es uno de los más ricos que he probado en mi vida.
Respecto de las milanesas, no tengo nada que criticar, estaban perfectamente ejecutadas, bien condimentadas y muy tiernas, a pesar de tenerlas congeladas. Luego aprendí que María compra sus milanesas, de vacuno y pollo, ya listas, ya apanadas, porque así las venden en la carnicería. Yo aquí he visto en los supermercados que venden las escalopas ya apanadas y congeladas, pero nunca las he visto así en la carnicería del barrio, a granel, idea que me parece de lo más cómoda, porque te ahorras mucho tiempo en prepararlas y solo  las ocupas cuando las vayas a necesitar. El puré de papas con milanesas de María; un 10/10.

La segunda ocasión

Un sábado de octubre fuimos, junto con Ale y Maca, dos amigas de María, a recorrer el barrio de San Telmo, en específico, el mercado de antigüedades. Pero antes, pasamos a almorzar ya que habíamos partido temprano con solo un ligero desayuno en nuestros estómagos.

Luego de recorrer distintas calles y plazuelas del barrio, llegamos a Plaza Dorrego, que constituye uno de los principales paseos peatonales de Buenos Aires. A su alrededor se encuentran café, bares, restoranes, que sacan sus mesas y sillas a la calle cuando el clima lo permite, tiendas de antigüedades y puestos de artesanías. Rodean la plaza edificios de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, de no más de tres pisos, que le otorgan a la plaza, y en general al barrio de San Telmo un aire de seguir viviendo en esa época, considerando que las calles son adoquinadas y se ha preservado la arquitectura de antaño, sin dar paso a nuevas tendencias en diseño, manteniendo la mística de un barrio con más de doscientos años de historia.

Fue en la terraza de uno de estos restoranes que rodean la plaza, en donde nos sentamos a almorzar. Considerando que teníamos un presupuesto que seguir, y que no teníamos planeado pasar toda la tarde sentadas en la terraza del local, optamos por un platón de milanesas para compartir, con papas fritas y bebidas gaseosas. Luego de tomarnos la orden y de traernos las bebidas y el pan, cosa de agradecimos de corazón, esperamos a que nos trajeran el pedido. Y esperamos. Y esperamos. Y seguíamos esperando. Esperamos mucho rato, incluso más de lo que esperamos la noche anterior en Mi Barrio. Y notábamos que mientras tanto llegaba más gente al local, y sus pedidos salían antes que el nuestro. Así que en cuanto ubicamos a nuestra mesera, le hicimos notar nuestra molestia tras tener que esperar tanto rato. Nos vio y nos indicó que lo nuestro estaba por salir. Y en menos de cinco minutos volvió con la tabla de milanesas y con la fuente con papas fritas. Y fue entonces cuando nos dimos cuenta de lo que había sucedido. La tabla con milanesas, por muy apetitosa que lucía,  ¡venía fría! Lo más probable es que el pedido salió a tiempo, pero alguien olvidó llevárnoslo. 

A ver. Tampoco estaba frío tipo: lleva una hora olvidada en el mesón. Pero calentitas recién salidas del sartén u horno tampoco estaban. Para mi gusto fue decepcionante, porque por muy barato que sea, es un servicio que están brindando, por el que estás pagando, sea lo que sea,  y si llegan con el pedido frío, o tibio, tu quedas con la sensación (porque eso sentimos) de que se olvidaron de tí.

No volvería.


En resumen: las hamburguesas, mejor en Mi Barrio, por un poco más de plata te entregan un plato más contundente y las opciones para elegir son deliciosas.

La milanesas: Si tienen la fortuna de tener como amiga a María, lejos las mejores te las prepara ella. Son preparadas con cariño y siempre siempre salen calentitas.

Saturday

Let me roll it

I can't tell you how I feel, my heart is like a wheel...


Hoy escribiré sobre música y de verdad es que estoy un poco ansiosa porque desde hace mucho tiempo que no lo hacia. Quienes bien me conocen, saben perfectamente que ante todo, la música es una parte fundamental de mi vida y, si bien soy algo snob en cuanto a mis gustos musicales (bastante snob), tengo mi gusto bastante definido. Honestamente no me gusta la música actual, creo que es una mierda y ni siquiera me refiero a los éxitos populares que suenan en la radio (*ahem-despacito-ahem*). Sí creo que hay actualmente algunas bandas decentes; me gustan mucho The Black Keys y los primeros trabajos de Phoenix. Pero son los clásicos los que me mueven. Y a pesar de tener los gustos definidos y escuchar los mismos discos y canciones una y otra vez, de repente escucho una canción a la que anteriormente no le preste mucha atención y solo pienso "wow" (no pienso mucho en verdad porque la canción, la letra y los arreglos, ha logrado dejarme sin palabras).

La semana pasada me pasó lo anteriormente descrito. Estaba escuchando el disco "Band on the Run" (1973) de Wings, la banda que Paul McCartney formó en 1971 luego de la separación de The Beatles, junto a su entonces esposa, Linda McCartney. Y si bien ya conozco las canciones del disco, de repente comenzó a sonar Let me roll it, la novena canción del disco. Y de repente sentí que escuché la canción por primera vez. Ese arreglo de guitarra, ese riff con sentimiento, la voz de McCartney, que evoca mucho la de John Lennon (que de hecho, fue objeto de critica ya que muchos pensaron que McCartney imitaba a Lennon en su manera de cantar).



No tengo seguridad si esta canción se la escribió Paul a Linda. Me gusta pensar que todas las canciones que Paul escribió estaban dedicadas a Linda.  Sabemos que "My Love" la escribió respecto de los sentimientos que tenía hacia ella, y "Maybe I'm amazed" la compuso en manera de agradecerle por acompañarlo luego de la ruptura de The Beatles.

Desde su lanzamiento, McCartney ha tocado Let me roll it en vivo en sus conciertos y como he estado obsesionada escuchándola en todos sus formatos, he encontrado un vídeo de Paul McCartney y su banda en el show de Jools Holland en el año 2010. Y la versión es realmente sublime.  Les recomiendo, les pido por favor que lo vean y se maravillen con una actuación impecable.



Sunday

Donde comer en Buenos Aires: Una guía, parte I.

De los 12 días que pasé en Buenos Aires, probablemente pasé unos seis o siete comiendo fuera. Ahora, no me malinterpreten, tampoco fuí a restaurantes elegantes, de cuatro tenedores ni mantel largo, simplemente seguí a mis guías (bonaerenses nativos) quienes me llevaron a sus picadas, sus lugares favoritos para comer, donde no solo es rico, sino también es barato.

Ahora bien, redactando el borrador de este post, me dí cuenta que fui a tantos lugares y tengo tanto que decir de cada uno de ellos, que esta entrada sería interminable, así que elegí mejor separarlo por tipo de comida. Así que parto esta guía con lo yo considero es una de los mejores inventos del mundo: LA PIZZA 🍕🍕🍕

Pizzería Gûerrín

Fundada en 1932 por dos emigrantes genoveses, Gûerrin se encuentra en plena Avenida Corrientes, entre medio de teatros. Siempre está lleno de gente, familias, turistas, clientes frecuentes. De noche, luego de las funciones de teatro se llena, tanto con aficionados como con los mismos actores que no demoran en posar para las fotos con los trabajadores de la pizzería. Es cosa de solo mirar las paredes, llenas de fotografías de actores, nacionales y extranjeros, cantantes, músicos, escritores, vedettes, intelectuales, personajes de ciencia ficción (recuerdo haber visto una foto de Darth Vader). 
El local es muy extenso y aunque al principio, cuando recién fue inaugurada, apenas atendían en la barra, con los años tuvieron que agrandar la primera planta (que es muuuy grande) y luego agregar un segundo piso.  

Gûerrín cuenta con una carta de 72 variedades de pizza y fugazzetas, además de cuatro variedades de empanadas. Aunque yo solo probé la napolitana de muzzarella, debo decir que es la pizza más deliciosa que he comido en casi 31 años de vida. Y eso que yo me jacto de hacer una pizza maravillosa, la de Gûerrín me superó. Nos ofrecieron masa delgada o esponjosa y obviamente elegimos  la masa esponjosa. Además, nos preguntaron si queríamos jamón entremedio del tomate y el queso, y por supuesto no nos pudimos negar. 

Nos trajeron una pizza mediana para cuatro personas (la de la foto, y éramos solo dos personas), y una cerveza para cada una. Y fue demasiado. Al terminar el primer pedazo ya nos sentíamos completamente satisfechas y solo nos comimos la pizza completa porque somos unas cerdas. Pero realmente, ¿cómo decir que no cuando tienes frente a tí lo que realmente es la mejor pizza del mundo?

A Gûerrín fuimos un día martes tipo 10 de la noche y estaba lleno, Conseguimos mesa por casualidad y cada vez seguía entrando y entrando gente. Y encima era apenas Octubre. Eso habla mucho y muy bien respecto a la vida nocturna que tiene una ciudad como Buenos Aires. Y no solo por que se encuentra en medio de Avenida Corrientes. Por todas partes en donde anduve por Buenos Aires de noche se vivía una rica atmósfera. Será porque, de acuerdo a lo que me contaban, la gente, la familia se reúne tarde de noche para cenar, será porque en vez de preparar algo en casa, deciden que es mejor salir a comer afuera y aprovechar  el máximo de tiempo juntos.


Pizzería Gûerrin: Avenida Corrientes 1368, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



EL CUARTITO

A El Cuartito llegamos tarde, tipo 10 y media de la noche. Y recién entramos al local cerca de las 11 de la noche. Debo aclarar eso sí, que era día sábado. No solo tuvimos que hacer una fila para entrar al local, sino que seguir haciéndola para que nos asignaran una mesa. La decoración de El Cuartito me encantó, Tiene esa onda de fuente de soda, llena de carteles y banderines de fútbol de distintos equipos, grandes fotografías a color de jugadores, algunos famosos, otros no tantos, y otros personajes populares de Argentina. Una vez acomodados en nuestra mesa, tuvimos que quitarnos las chaquetas, porque el calor que se siente dentro del local, con todos los hornos encendidos al máximo, con toda la gente adentro y el hecho de que Buenos Aires tiene un clima algo tropical en primavera (del clima hablaré en otra ocasión, ya que es todo un tema), no permite que salgas de noche, por muy noche que sea, muy abrigado. 

Comenzamos la velada comiendo empanadas. En El Cuartito, la variedad de empandas que tienen es bastante extensa y mientras nos preparaban nuestra pizza (familiar de muzzarella, en esta oportunidad éramos tres), junto con una botella de litro de Stella Artois, yo solo me animé con una de jamón queso (no pude con la tucumana). La pizza demoró un poco en llegar, más que un poco en realidad, porque recuerdo que los chicos tuvieron que preguntarle al garzón si a nuestro pedido le faltaba mucho. En retrospectiva, estuvo bien lo de pedir empanadas, claro que ese día comimos mucho durante la tarde (y también seguimos comiendo después de la pizza, pero eso es material para otra entrada).

Cuando al fin la pizza llegó, nos trajeron un molde hirviendo con queso muzzarella derritiéndose, dorado, con orégano por encima. Traía muchas aceitunas verdes enteras por encima y creo que ninguno de los tres, ni María, ni Nicolás ni yo las probamos. En eso estábamos muy de acuerdo, a ninguno nos gustaban las aceitunas. Esta vez, nuevamente nos costó un poco terminar de comernos nuestra pizza, pero lo logramos, con la ayuda de cerveza y de una compañía y conversación insuperable. Esa es una de las cosas de las que estoy más agradecida. No faltaron ni los chistes, ni las risas, ni las conversaciones.

El Cuartito fue fundada en 1934 y además ofrece poder pagar por la pizza y terminar de cocerla en el horno de tu casa. Eso, en caso que no quieras aprovechar el ambiente que se vive dentro de la pizzería.

El Cuartito: Talcahuano 937, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


LAS CUARTETAS

Caminando por Avenida Corrientes, pasando el Obelisco, justo, justito frente al Teatro Gran Rex, te encuentras con la tercer pizzería que visitamos. Al entrar y ver que está completamente lleno, piensas que es un local muy chiquito, pero si vas con alguien que lo conoce bien, sabrá por donde meterse y lograr encontrar mesa. A Las Cuartetas fuimos un día viernes, el último viernes antes de volverme a Chile. Fuimos con María y con Fabiana, la mamá de María, a quien tenía muchas ganas de conocer. Nos fuimos las tres caminando desde el departamento de María y Nico (ubicado en Once {Balvanera}) y tomamos Corrientes hasta llegar a nuestro destino. En el camino, pasamos por muchas librería (de eso, para otro post). Una vez ya instaladas en la pizzería, comenzamos a revisar la carta. Al menos a mí me gusto mucho la variedad (y los precios) y esta vez pedimos dos pizzas (aunque eran medianas, eh). No tengo muy latente el recuerdo de las variedades de pizza que pedimos, pero sí recuerdo que una de ellas traía palmitos, algo que me gustó mucho. Tanto me gustó que ahora, cuando preparo una pizza en casa, me preocupo de tener palmitos para ponerle, porque de verdad que la combinación es perfecta.
En mi opinión, el servicio en Las Cuartetas fue rápido y eficaz, la pizza llegó calientita y la combinación de ingredientes más la masa esponjosa y la salsa de tomate, junto con la muzzarella derretida y doradita, hicieron que Las Cuartetas se fuera directamente al segundo lugar de mi top de pizzerías argentinas. 

Las Cuartetas: Avenida Corrientes 838, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Saturday

Buenos Aires



¡¡¡Buenas Noches!!!

He vuelto luego del descanso más largo que creo haber tomado en esta plataforma. Han pasado, casi dos años desde la última vez que escribí en este blog (y probablemente desde que escribo desde este computador porque para todas lo demás uso mi teléfono o mi iPad) y la verdad es que el volver se siente muy natural, muy fluido, muy orgánico.

¿Qué pasó? La vida, simplemente. Un trabajo que consume muchas horas y el tiempo libre que tengo (y que es bastante) lo malgasto procrastinando. Yo le puse el "pro" a procrastinar 😉.

Entonces ustedes quizás se preguntarán, ¿qué he hecho durante estos dos años? Pues nada muy diferente a lo que hacía hace dos años. Pero algo interesante que sí hice en octubre del año pasado, fue viajar. Hice mi primera incursión al extranjero, y aunque no viajé muy lejos, para ser el primero (y en octubre de este año se viene otro un poquito más lejano *cof 💂🇬🇧 cof*), fue una experiencia digna de realizar, ya que pude reunirme con una querida amiga, conocer a su familia, conocer una cultura que en muchas cosas no difiere mucho a la mía, aunque en otras somos muy diferentes, conocer lugares, aromas, sabores, colores y hasta un acento diferente para mí. En octubre de 2016 tomé mis maletas y me fui allende Los Andes a pasar 12 días a Buenos Aires.





¿Y a qué me dedique mientras estuve en la ciudad de la furia?

Comí. Mucho. No les puedo decir con cuantos kilos extra volví porque las pesas y yo estamos peleadas desde hace treinta años, pero entre tanta pizza, milanesa, choripán de cancha, patys en El Rosedal, cervezas, medialunas y chipás, debo haber regresado con mínimo, mínimo cinco kilos más.

Compré libros. Muchos libros. Gasté casi todo mi presupuesto en literatura. Y si es que te gusta leer no puedes dejar de visitar todas las ofertas que te tiene la capital mundial de las librerías. 25 por cada 100.000 habitantes (y no, en Buenos Aires no existe el absurdo 19% de impuesto al libro, como lo existe en estos pagos).



Caminé, bastante. La mejor manera de recorrer una ciudad, cualquiera que esta sea, es caminando. Claro que se puede tomar un tour, si eso es lo que te gusta, pero si eres una persona joven y con (algo de) vitalidad, la mejor manera de conocer una ciudad es caminándola, conociendo los rinconcitos más recónditos, aquellos que los guías turísticos no te hablaran, porque existen posibilidades de que no los conozcan. Además, si comes tanto como lo hice yo, ayuda mucho a mantener un equilibrio y no tener que pagar un sobre cargo en el vuelo de regreso.

Reí. Me reí a carcajadas. Cuando lo estás pasando bien, cuando estás con buena compañía, rica comida, interesante conversación, se nota. Se nota en tu piel. Y sentí que volví con una piel renovada. Boté un montón de malas energías riéndome, conversando, pasando un buen rato.

Miré. Miré mucho a la gente que me rodeaba, en el subte, en el bondi, en la calle, en las librerías, pizzerías. Me gusta como los argentinos, o los bonaerenses interactúan entre ellos, como se dicen las cosas. Lo vehementes que son en su actuar.

Durante estos días iré subiendo más posts respecto a los lugares donde comí, compré, visité, me reí, pasé un buen rato. Y prometo solemnemente, no volver a desaparecer por tanto tiempo, sin explicaciones.- 

What Fran Cooked: Seared shrimp with pasta

For a while I've tried to come up with new recipes that don't require much ingredients and much time. And those two requiremen...