Monday

Story Time with Fran

La siguiente historia que les voy a contar es 100% verídica y no pude contárselas antes porque me había distraído con otras cosas, llámese Lucas, viajes a Santiago, etc.


Encontrábame yo en el paradero esperando micro para volver a casa, debatiéndome entre tomar el ómnibus que me deja a una esquina de mi casa y cuyo valor cuesta $580 o coger una micro que me dejaba a muchas cuadras de mi casa, que van hacia Limache-Quillota-La Calera y cuyo valor es de $500 pesos. Como me tenía que bajar en el centro de Belloto para comprar los pasajes del bus para el viaje del día siguiente,  decidí ahorrarme los $80 y terminar el periplo a casa, caminando. Así que tomé una micro de la empresa EuroExpress con destino a Limache, pagué mi pasaje, me senté, me coloqué los audífonos y no supe más del mundo. Todo iba bien hasta que llegando al centro de Quilpué, noté que el chofer cambió el letrero del destino de la máquina, llegando esta vez a La Calera. Ese dato sería irrelevante a no ser porque en el centro de la ciudad, había otra micro, de la misma empresa y con el mismo destino. De a poco la micro en que yo iba comenzó a llenarse, en su mayoría con gente mayor, y comenzó a tomar cada vez mayor velocidad, hasta que en un momento y en una curva a metros de llegar a Belloto, escucho los gritos de una señora. Me quité los audífonos y noté que un hombre de unos cuarenta años y que iba de pie cerca del chofer comienza a increparlo porque iba muy rápido y llevaba mucha gente "mayor" en la micro. El chofer, en vez de disminuir la velocidad, la aumenta, y ahí fue cuando de verdad me asusté. La señora que había gritado anteriormente volvió a gritar, esta vez más fuerte llamándo al chofer "maldito, desgraciado" (lo más suave fue eso) y el hombre que iba de pie sacó su móvil y llamó a la policía. Mientras tanto, el chofer aprovechó de pegarle unos manotazos al hombre y de sacarle la madre, todo esto mientras aún conducía la máquina. El tipo del celular, ya se había contactado con la Comisaría del Belloto (y nosotros estabamos ya a solo unas cuadras de la misma) y el Carabinero le pedía la patente de la micro para poder identificarla. Nadie pudo dársela  porque no había manera de verla por dentro. Ya estabamos en el paradero donde yo debía bajarme, que justamente se encontraba frente a la Comisaría y otras dos señoras (una de ellas, la que gritaba) también se bajaban, pero a pesar de pedirle al conductor que parara, este seguía manejando. Finalmente frenó unos 50 metros después, en medio de la calle donde no había paradero. Yo fui la primera en bajarme y escuché como las señoras que me seguían, lo insultaban. Esperé que el bus avanzara para poder tomar el número de la patente y lo memoricé. Las otras dos señoras caminaban apuradas hacia la Comisaría sin siquiera haber hecho lo mismo. Las alcancé y les pedí que por favor tuvieran un poco de calma, sino el Cabo que nos atendería no nos entendería. Por supuesto que no me hicieron caso y corrieron a hablar con el Carabinero más cercano. Le contaron lo sucedido entre gritos y llantos histéricos y el pobre poli me miraba con cara de no entender que carajo sucedia. Yo le iba explicando a medida que las señoras me lo permitian y cuando nos preguntaron por la patente del vehículo, ninguna supo responder. Ahí volví a hablar y decirle que a esa altura, ya debían estar llegando a Villa Alemana (que es la localidad que viene después de Belloto, si es que uno viene viajando desde Viña). Entonces se contactaron con la Tenencia de Villa Alemana y les dieron los datos de la máquina para que pudieran interceptarlos. Finalmente las tres mujeres salimos de la estación, cada una tomando su rumbo. Yo volví a casa ya casi riéndome de la situación, sin saber que era más ridículo, si la señora que gritaba como loca histérica o el chófer que no quería arriesgarse a que le pasaran una multa y se daba a la fuga. 

No supe que habrá pasado con el chófer, la micro y las personas que seguían montados en ella luego que me bajara. Sé que no ocurrió ningún accidentee mayor, porque las noticias no cubrieron este incidente.  Yo llegué a casa a encontrarme con esta dulzura:


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